El vandalismo ferroviario en el metro de Barcelona: un coste de 6 millones de euros desde 2020
El vandalismo en las redes de transporte público es un problema que va más allá del daño estético, con un impacto directo en la calidad del servicio y un elevado coste económico para el operador y, en última instancia, para la ciudadanía. En la red de metro de Barcelona, gestionada por Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), el vandalismo ferroviario ha supuesto un gasto de casi seis millones de euros desde 2020, principalmente en tareas de limpieza de grafitis. Para hacer frente a esta situación, TMB puso en marcha en 2021 un plan específico que, cinco años después, muestra resultados positivos tanto en la reducción de los incidentes como en la contención de sus consecuencias.
El impacto del vandalismo más allá de la pintura
Cuando un tren del metro de Barcelona es vandalizado con grafitis, las consecuencias superan el simple daño material. La política de TMB es clara: ningún tren circula si presenta pintadas. Esto significa que cada acto vandálico obliga a retirar el convoy del servicio de forma inmediata para proceder a su limpieza. Esta retirada no programada afecta directamente a la operativa diaria, provocando alteraciones en la frecuencia de paso de los trenes y, por tanto, perjudicando a miles de usuarios que dependen del metro para sus desplazamientos.
En 2024, las intrusiones de grafiteros en las instalaciones del metro provocaron una suma de seis horas de interrupciones en la circulación. Aunque esta cifra se ha reducido a tres horas y veinte minutos en lo que va de 2025, sigue representando un perjuicio notable para la fiabilidad del servicio. El coste no es solo operativo; la limpieza y reparación de los trenes, junto con las medidas de seguridad adicionales, han supuesto un desembolso cercano a los seis millones de euros en los últimos cinco años.
Un plan para reducir el vandalismo ferroviario y sus resultados
En 2021, en colaboración con los Mossos d’Esquadra, TMB implementó un plan antigrafiti con el objetivo de minimizar las intrusiones en la red. Esta estrategia se ha basado en un enfoque múltiple que combina la tecnología, la vigilancia y la mejora de las infraestructuras. Entre las medidas adoptadas destaca la instalación de nuevas cámaras de videovigilancia, un aumento del personal de seguridad en puntos estratégicos y la colocación de paneles en los laterales de los trenes estacionados para impedir físicamente el acceso a las superficies a pintar.
Los resultados de este plan han sido notables. La superficie total vandalizada se ha reducido en un 80 %, pasando de 50.804 metros cuadrados en 2020 a 9.695 metros cuadrados en 2025. El número de trenes afectados también ha descendido de forma significativa: de los 737 trenes pintados en 2020 se ha pasado a 220 en 2025, la cifra más baja del período, a pesar de un repunte registrado en 2024 con 358 convoyes afectados.
La evolución de los costes y el endurecimiento de las sanciones
La efectividad del plan se refleja directamente en la reducción de los costes asociados a la limpieza. En 2020, la factura ascendió a 2.194.733 euros. Gracias a la disminución de los incidentes, este coste se ha reducido hasta los 418.824 euros en el presente año. Esta tendencia a la baja confirma la rentabilidad de las inversiones en prevención y seguridad.
En paralelo a las medidas operativas, se trabaja en el ámbito disuasorio. La presidenta de TMB, Laia Bonet, ha calificado estos actos como “conductas delictivas que dañan el patrimonio de toda la ciudadanía”. En este sentido, se persigue penalizar con mayor dureza a los infractores. Una de las herramientas para ello son las nuevas sanciones anunciadas por el Govern de Catalunya, que contemplan multas de hasta 90.000 euros por actos de vandalismo ferroviario, aplicables también a la red de metro de Barcelona.
Cómo se elimina un grafiti: un proceso complejo y especializado
La limpieza de un tren grafiteado es una tarea mucho más compleja de lo que podría parecer. Requiere personal especializado y se lleva a cabo en áreas específicas de la red, equipadas para tratar los productos químicos necesarios. El procedimiento comienza con la aplicación de decapantes para disolver la pintura, un material que debe ser manipulado con equipos de protección individual como mascarillas antivapores, gafas y guantes.
Posteriormente, los operarios utilizan lanzas de agua a presión y cepillos de nailon para retirar los restos de pintura en un proceso tanto mecánico como manual. Los residuos generados, al ser contaminantes, no pueden ser enviados a una depuradora convencional y requieren un tratamiento específico. Para la limpieza completa de un tren se emplean hasta 400 litros de agua, una parte de la cual se recupera de las instalaciones de lavado regular, optimizando así el consumo de recursos hídricos.
